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 Reportaje a;  Un  Medico  de  excepción

Julio Efrén Cobos Gómez

Mas allá de un médico ejemplar

Al pasar el tiempo el hombre va descubriendo muchas cosas quizás de mucha riqueza para la ciencia, pero creo que esto no es lo más satisfactorio para crecer  más y más  en la vida terrenal; también debemos desarrollarnos en lo espiritual. Así es como lo demostró y ejemplarizó el doctor julio Efrén cobos, médico Ecuatoriano, avecindado  en chile, entregando sus servicios en diferentes centros hospitalarios de nuestro país, especialmente en la ciudad de Talca séptima región del Maule. De especialidad médico pediatra y dermatólogo infantil; sus estudios los realizó en la universidad de Cuenca, de la república del Ecuador. Casado con la señora Isabel Coello  peña, del matrimonio nacieron 4 hijos: Efrén segundo, Cristóbal Fernando, salvador Antonio y jorge Alberto, todos profesionales.

libro con dedicatoria de uno de sus hijos

El doctor cobos  fue un profesional de una ética y vocación admirable, sencillo y muy humana siempre preocupada por entregar lo mejor de sí, no conoció el egoísmo siempre se daba el tiempo para atender a quienes lo requirieran; no hacia distinción en sus pacientes  y todo lo realizaba con un amor extraordinario.

La filosofía del doctor cobos era: “hay que darle arte a la ciencia medica”. Esta valerosa habilidad empática la consideraba como vital en la relación medico-paciente; para comprender las dolencias e inquietudes del enfermo y su familia. Se sentía feliz de vivir y de haber elegido estudiar medicina; su tiempo libre lo dedicaba  a leer y a escribir; admiraba la profesión de periodista, incluso tenía vetas de escritor, escribió dos libros e innumerables ensayos; le  preocupaba mucho la contaminación ambiental, por esta razón participo en diversos concursos y propuestas sobre ecología siendo muchos de estos destacados en la revista internacional “conozca más” y canales de televisión.

En su casa ubicada en  calle 6 oriente #1010 tenía su consulta médica, nunca dejo de trabajar a pesar de su avanzada edad y de una larga enfermedad, allí junto a su esposa, hijos, nietos y bisnietos recibió el cariño y afecto “Dios me puso en este País  para servir, y quiero que otros  sigan el sendero por el cual caminé, cuando ya no este en este mundo”.

El nombre del doctor cobos y su herencia nos deja la prédica de cómo ser mejores y su ejemplo de vida será imborrable, quedará grabado en muchos corazones que lo vieron caminar por el sendero de Dios.

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