¿Existe el SIDA?

fotos-28-de-marzo-2009-022 Por: Peter Duesberg

Científico alemán nacido en 1936, y radicado en EE.UU desde 1964. Es Doctor en Química de

la Universidad de Frankfurt (Alemania), y profesor de Biología Molecular y Celular de

la Universidad de Berkeley (California) desde 1973 hasta la fecha. Fue el primero en aislar el gen del cáncer, ganó el Premio Anual de Científicos de California en 1971 y fue electo miembro de

la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. en 1986.

Peter Duesberg fue uno de los primeros en oponerse a la versión oficial del SIDA. Él sostiene que el VIH posiblemente existe, pero es inofensivo, y que la principal causa del SIDA es el abuso de las drogas, tanto de las recreativas como de las recetadas contra el propio SIDA. Pese a sus sobrados méritos y a su indiscutible aporte a la ciencia, ha sido sistemáticamente censurado por los medios, y el gobierno de EE.UU. le retiró totalmente el apoyo económico, por lo que ha tenido que seguir investigando por sus propios medios.

En una entrevista concedida en 1998 a “El Pequeño Periódico”, de Colombia, Duesberg declaró lo siguiente:

“Se realizan encuentros internacionales anuales alrededor del SIDA, a los cuales no se invita a nadie que no crea en el VIH y eso es extremadamente grave para la ciencia. Eso puede ser religión, puede ser política, pero no ciencia. La ciencia es tradicionalmente abierta a otras posibilidades, especialmente cuando no se tienen resultados (…) La mayoría de las grandes universidades de Norteamérica no permiten un seminario sobre este aspecto. Están todas cerradas porque si usted habla, ellos podrían perder sus fondos, podrían perder a sus amigos, las grandes compañías les quitarían su apoyo y podrían quedar sin sus tremendos megabyte de entradas”.

“En los últimos años nadie quiere invitarme a ningún encuentro porque estoy cuestionando el VIH, y cuestionando la gigantesca inversión, la gigantesca industria. La industria de cincuenta billones de dólares que se han gastado. En nombre de la tecnología científica no podemos tener toda esa gente sufriendo y muriendo innecesariamente. Y lo digo porque la están matando con AZT. La droga no sólo no les ayuda, sino algo peor, el AZT realmente los está matando. (…) Y todo en nombre de una hipótesis que hasta ahora no ha curado a nadie[4]”.

Peter Duesberg ha escrito y co-escrito varios libros sobre este tema, entre ellos “Por qué NUNCA ganaremos la guerra contra el SIDA”, “SIDA: ¿Causado por Virus o por Drogas?”, “SIDA Infeccioso: ¿Hemos Sido Engañados?”, “SIDA: Las Buenas Noticias son…”, e “Inventando el Virus del SIDA”. Éste último es probablemente el más famoso, y su prólogo está escrito por otro renombrado disidente: Kary  Mullis.

 Kary Mullis

Doctor en Bioquímica de la Universidad de Berkeley (California). En 1993 obtuvo el Premio Nobel de Química por haber inventado una técnica para analizar el ADN llamada Reacción en Cadena Polimerasa (en inglés, Polymerase Chain Reaction, o simplemente PCR). Esta técnica es usada en el famoso “test de Elisa” para medir la carga viral (en otras palabras, la “cantidad de virus”) en los supuestos portadores. Sin embargo, el propio Kary Mullis – sin duda uno de los disidentes más enérgicos – ha dicho hasta el cansancio que

la PCR no sirve para medir cargas virales, y que habría renunciado al Nobel si hubiera sabido el uso que se le iba a dar a su invención.

El prólogo que Mullis escribió para el libro de Duesberg, es, a mi juicio, uno de los textos más creíbles y a la vez impactantes sobre la versión disidente. En él, Mullis relata que en 1988 estaba escribiendo un reporte para Specialty Labs (Santa Monica, California), y cuando redactó la frase “El VIH es la causa más probable del SIDA”, quiso respaldar su afirmación con alguna cita científica.

“Para mí, era muy llamativo que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo – que sería seguro materia de Premio Nobel – no estaba en boca de nadie. (…) Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo”.

Mullis también buscó la información en internet y no la encontró, pero no le dio mucha importancia a eso. “Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. (…) Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos. (…) Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando vi que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común.

Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta, así que se la planteé”.

Montagnier intentó eludirlo con un par de débiles respuestas con las que Mullis no se dio por satisfecho, y ante la insistencia de éste, “el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido”.

“(Duesberg y yo) No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto”.

“Tampoco hemos sido capaces de descubrir por qué los médicos recetan una droga tóxica llamada AZT (Zidovudina-Retrovir) a personas que no tienen otro mal que la presencia de anticuerpos al VIH en su cuerpo. De hecho, no podemos entender por qué ningún ser humano debería tomar esa droga cualquiera que fuese la razón que se adujese”.

“Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (…) Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *